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Martes, 16 Mayo 2017 17:13

Chaqueta Lyle para hombre impermeable Lima Regatta III Hacia una cultura antagonista en Colombia

Escrito por  Philip Potdevin

 

Una nueva oportunidad para el intelectual colombiano a partir del Acuerdo Final de La Habana

 

Una de las leyes de la acci�n dram�tica es que a la estrella debe enfrent�rsele un antagonista que se oponga a sus designios. En La tempestad, la mejor de las obras de Shakespeare y la m�s incomprendida, el invasor Pr�spero ha esclavizado a Calib�n, el habitante originario de la isla. �ste no se doblega ante el atropello de Pr�spero. Al contrario.

 

Calib�n: Tengo que comer. Esta isla es m�a por mi madre S�corax, y t� me la quitaste. 

 

Pr�spero tiene un vasallo, el esp�ritu Ariel, que busca alcanzar la libertad siendo servil al dominador que ha despojado de la isla a su due�a, la hechicera Sicorax. 

 

Pr�spero:  �salvo el hijo que ella pari� aqu�, un pecoso engendro, ning�n humano hab�a honrado esta isla.

 

Ariel:  S�, su hijo Calib�n. 

 

Pr�spero: �Torpe! �Qui�n, si no? Calib�n, que ahora est� a mi servicio.

 

�ste lo ha sometido a la condici�n de enemigo y monstruo. Calib�n se rebela; un aut�ntico revolucionario que a ojos de su dominador es un:

 

Pr�spero: ��ponzo�oso esclavo, engendro del demonio y tu vil madre! 

 

Calib�n: impermeable Regatta Chaqueta III Lima para hombre Lyle Entonces te quer�a y te mostraba las riquezas de la isla, las fuentes, los pozos salados, lo yermo y lo f�rtil. �Maldito yo por hacerlo! Los hechizos de S�corax te asedien: escarabajos, sapos, murci�lagos. Yo soy todos los s�bditos que tienes, yo, que fui mi propio rey; y t� me empocilgas en la dura roca y me niegas el resto de la isla. (1)

 

Oprimido-opresor; identidad; soberan�a; resistencia ante la injusticia, distintas palabras podr�an resumir lo descrito por el dramaturgo ingl�s en estos pasajes. Lo novedoso de todo ello es que solo hasta hace medio siglo, gracias a la relectura realizada por Fern�ndez Retamar de La tempestad y del Ariel de Rod� es cuando los latinoamericanos descubrimos en Calib�n el s�mbolo del insumiso esp�ritu latinoamericano; el antagonista por excelencia. Y, desde esta perspectiva es posible vislumbrar un rol activo de la cultura, al lado de la pol�tica y la econom�a con el objeto de transformar la sociedad.

 

En este sentido, hoy, como en �pocas pasadas, se replantea un tema siempre vigente: el papel que la cultura debe tener en la lucha por la inclusi�n, la dignidad social y el respeto a los derechos humanos. En particular, en sociedades en abierta disputa pol�tica, la cultura se torna relevante toda vez que Pr�spero, con su ropaje actual, influye en la desinformaci�n mediante la censura, a veces abierta, a veces velada; y aun as�, debe dar paso a las m�ltiples voces de Calib�n para que la memoria de miles de desaparecidos perdure, as� como la de las v�ctimas de varias d�cadas de confrontaci�n armada.

 

En ese reto, y en abierta confrontaci�n con un modelo econ�mico y social que desprecia la m�s amplia inversi�n social por sometimiento a dict�menes econ�micos multilaterales, toman vigencia preguntas nacidas desde el quehacer cultural como: �De qu� forma la est�tica, el arte y el pensamiento cr�tico pueden participar, hoy, en la constituci�n de un activo y renovado liderazgo social que contribuya a poner freno a las derivas totalitarias, clasistas, racistas y segregadoras que anuncian el gobierno de Trump en Estados Unidos, el ascenso de la ultraderecha en Europa, la vuelta del fundamentalismo neoliberal a Am�rica Latina, y los aires cada vez m�s fuertes de venganza y de exclusi�n pol�tica y social que recorren a Colombia y que podr�an cerrar la ventana de esperanza �de resoluci�n de su largo conflicto interno� que empieza a entreabrirse?

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Pero tambi�n, �Qu� papel puede jugar hoy la cultura en la batalla por el liderazgo y la dignidad social? �C�mo la producci�n cultural puede contribuir a articular antagonismos sociales frente a la extensi�n del neoliberalismo? �De qu� modo, en definitiva, podr�a la cultura cr�tica contempor�nea contribuir a la articulaci�n y extensi�n de una imaginaci�n pol�tica antagonista, que nos permitiera vislumbrar nuevas formas de ser en com�n y abriera el camino hacia la construcci�n social de otras l�gicas de vida? (2).

 

�Para qu� una cultura antagonista?

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Toda sociedad, del tipo que sea, requiere de voces cr�ticas, y el espacio necesario para que las mismas tengan eco; voces sin las cuales el autoritarismo de los colores m�s diversos, pueden tomar forma. Sue�o y reto de democracia radical que permite precisar que una cultura antagonista es aquella que, en la vena de Calib�n, se opone y presenta alternativas viables de informaci�n, de entretenimiento, y de pensamiento a la cultura hegem�nica que impera en un lugar o una �poca determinada. Una que se atreve a decir la verdad, as� sea inc�moda y, sobre todo, molesta a los grupos hegem�nicos porque no la pueden digerir con facilidad (3).

 

Siendo as�, �por qu� es necesario propender en Colombia por una cultura antagonista en los d�as que corren? El pa�s tiene una larga historia de control social, pol�tico, econ�mico y educativo que se origina en el nacimiento del Estado en el siglo XIX, consolidada con la entrada del pa�s en la denominada Modernidad. Larga historia que explica y resume parte de los niveles de exclusi�n y negaci�n de la disidencia conocidas a lo largo y ancho de su territorio, las mismas que no encontraron otra v�a que la armada para ser escuchadas.

 

Es dentro de esos niveles de exclusi�n y control social que la biopol�tica, como forma espec�fica de gobierno que aspira a la gesti�n de los procesos biol�gicos de la poblaci�n, tuvo, desde hace un siglo, claras manifestaciones en nuestra sociedad. Basta recordar el debate vivido en 1920 en torno a la tesis impulsada por dos intelectuales, L�pez de Mesa y Jim�nez L�pez, sobre una supuesta degeneraci�n de la �raza� colombiana que pretend�a, en �ltimas, la aprobaci�n de una ley en el Congreso para �blanquear� nuestra poblaci�n, imitando las caducas teor�as de �civilizaci�n o barbarie� impulsadas en el sur para auspiciar la inmigraci�n de centroeuropeos. 

 

La derrota de la tesis degenerativa dio lugar a otra forma de control social, esta vez a trav�s de la medicina e higiene p�blica cuando se pas� a proscribir la chicha en favor de la cerveza, que comenzaba a ser producida por grupos econ�micos de ascendencia alemana, as� como por otras pr�cticas relacionadas con la higienizaci�n de la poblaci�n: el indio, el individuo de las clases populares se consideraba �sucio� mientras que se estimulaba el ideal del aseo. Como dice Bol�var Echeverr�a, se propugnaba un ideal de �blanquitud�, m�s que de blancura en la piel (4).  

 

La educaci�n, que desde la Regeneraci�n �y antes� se entreg� por el Pr�spero criollo en monopolio a la Iglesia cat�lica, apenas si dej� espacio a una presencia minoritaria de ense�anza no confesional. 

 

Desde el aspecto pol�tico, el bipartidismo de hecho, establecido por una �nica �lite econ�mica y pol�tica, cruz� el cerrojo para impedir el acceso al poder de cualquier engendro de Calib�n, movimiento social, progresista, anarquista, obrero o revolucionario, al punto que su influencia perdura de facto aun despu�s de la extinci�n del Frente Nacional. La prueba es que medio siglo despu�s no ha existido un presidente que provenga de afuera de los partidos tradicionales. 

 

El control social sobre la econom�a ha sido igual de persistente, a trav�s de propiciar altos niveles de endeudamiento para la adquisici�n de vivienda, del despojo sistem�tico de la tierra a campesinos, colonos e ind�genas. Como lo expresa Foucault: �No es la sociedad mercantil la que est� en juego en este nuevo arte de gobernar [�] La sociedad regulada por el mercado en la que piensan los neoliberales es una sociedad en la que lo que debe constituir el principio regulador no es tanto el intercambio de las mercanc�as sino los mecanismos de la competencia� (5).

 

As� las cosas, �c�mo no propender, ahora m�s que nunca, por una cultura antagonista que se oponga a esa permanente reinvenci�n de los dispositivos de biopol�tica por parte del sistema capitalista bajo el que vivimos? Un sistema que busca dominar y controlar el tiempo libre en el cual desarrollamos nuestras pr�cticas culturales, no solo para extender y ahondar su apetito comercial, sino para ahogar cualquier intento de sublevaci�n por parte de las mayor�as sociales. Pretensi�n dentro de la cual el tel�fono inteligente, como una de las �ltimas comodidades para la interacci�n humana, opera al mismo tiempo como el anzuelo de la adicci�n de estar �conectado� las veinticuatro horas y, al mismo tiempo, el testigo y registro de todos los pasos, gustos, b�squedas, mensajes y conversaciones de su usuario. 

 

As� vivimos hoy, dice Byung-Chul Han (6) un exceso de positividad. La sociedad neoliberal no tiene cabida para la negatividad, tan necesaria. Y precisamente, esta negatividad es la que debe fungir como antagonista al protagonismo del que goza el culto a la positividad, al �xito en la isla de Pr�spero. La cultura dominante impulsa la fren�tica persecuci�n del �alto rendimiento�. Es una constante global. La que vivimos no solo es la sociedad de la transparencia (la intimidad derrotada) sino tambi�n del cansancio ante la presi�n sin pausa. O se es exitoso o simplemente se fracasa, parece ser el dilema que acosa al individuo. Por ello, las cuatro enfermedades modernas surgen de la privaci�n de la negatividad. La depresi�n, el s�ndrome de d�ficit de atenci�n con hiperactividad, el trastorno l�mite de personalidad y el s�ndrome de desgaste ocupacional son las respuestas del individuo a la intolerante sociedad del alto rendimiento (7). 

 

Lo anterior va ligado a la invasi�n de la intimidad hasta hacer que �sta se desvanezca del todo. As� es la sociedad de la transparencia, aquella que no admite velos, muros o puertas. Todo es trasparente: desde los ventanales de los gimnasios, hasta las fachadas de cristal, pero lo m�s grave, la vida �ntima desaparece y se convierte en espect�culo, bien sea por una parad�jica voluntad exhibicionista del individuo o porque la sociedad capitalista invade, viola, y transgrede cualquier intento de privacidad. 

 

El modelo social dominante, en sus variables sociales, culturales, pol�ticas, econ�micas, mantiene as� unos patrones de sometimiento al individuo para que no tenga forma de expresar su inconformidad; para anestesiar su dignidad y solapar cualquier intento de antagonizar contra el sistema. La incongruencia es que el mensaje detr�s del consumismo de �s� aut�ntico� es en realidad una invitaci�n a permanecer dentro del reba�o, a uniformizarse en la forma de vestir, de pensar, de educarse, de ingerir alimentos, de esparcirse.

 

La sociedad hegem�nica tiene su propia verdad y la impone, a trav�s del dominio que ejerce sobre las formas medi�ticas que controla. El ciudadano termina por aceptar lo que recibe por los medios como el reflejo de la realidad. En el mejor de los casos, intuye que la informaci�n que recoge es sesgada o filtrada por los intereses de los grupos de poder, pero son pocas las opciones para encontrar versiones distintas a las que pueda confiarle su credibilidad.

 

Decir la verdad y el rol del intelectual

 

Es a la cultura antagonista a quien cabe la misi�n de decir la verdad, lo cual no es f�cil ni sencillo. Brecht afirmaba en 1934 que existen cinco dificultades para quien quiere decir la verdad y luchar contra la mentira y la ignorancia: 1. Debe tener el valor de decir la verdad. No debe doblegarse ante los poderosos, pero tampoco debe enga�ar a los d�biles. 2. Debe tener la inteligencia necesaria para descubrir la verdad, pues no siempre es f�cil lograrlo. 3. La verdad debe decirse pensando en sus consecuencias sobre la conducta de los que la reciben. Es el arte de hacer la verdad manejable como un arma. 4. Hay que tener la capacidad de discernimiento para poder confiar la verdad, la cual no puede ser simplemente escrita; hay que escribirla a alguien. A alguien que sepa utilizarla. Los escritores y los lectores descubren la verdad juntos. Y, 5. Se debe proceder con astucia para poder difundirla (8).

 

Sobre esto �ltimo, el escritor acude a la alegor�a, trastoca tiempos y espacios para decir lo vedado. Piglia, en plena dictadura argentina, public� Respiraci�n artificial para atacar veladamente el r�gimen militar, apelando a hechos ocurridos cien a�os atr�s. As� las cosas, el intelectual, cuando est� alineado con la causa de los oprimidos, es el personaje m�s inc�modo para las hegemon�as culturales, pol�ticas y econ�micas de cualquier pa�s. Ya Said hab�a afirmado que el intelectual tiene un rol de antagonista en la sociedad. Desempe�a el papel de francotirador, de �amateur�, en el sentido que ejerce una actividad �impulsada por la solicitud y afecci�n, m�s bien que por el provecho, el ego�smo y la estrecha especializaci�n� (9) y de perturbador del status quo. Su deber es hablarle claro al poder. 

 

Por su lado, Gramsci habl� del intelectual org�nico en funci�n del grupo social al que pertenece. El de la clase o grupo hace las funciones de organizador y de direcci�n de todos los niveles de la sociedad, mientras que el de la clase que aspira a conseguir el poder, puede cumplir y cubrir distintas funciones, y en momentos de crisis pol�tica ejercer todas. En cualquier caso, el intelectual juega un rol espec�fico en la organizaci�n de la cultural (10).

 

En consecuencia, el intelectual es mirado con sospecha, m�xime si est� en funci�n de francotirador y no de organizador de la cultura dominante. Al intelectual, cuando funge como tal lo etiquetan como iluso, est�pido, desconectado de la realidad o simplemente no se le escucha, pues hacerlo implicar�a un grave peligro para el status quo.

 

Calib�n en Latinoam�rica

 

Fern�ndez Retamar puso en su lugar en los a�os sesenta a Rod� y el Ariel publicado en 1899. Rod� propendi� por un intelectual latinoamericano de car�cter espiritual para enfrentarse al pragm�tico monstruo consumista norteamericano que denomin� Calib�n. Equivoc� los nombres, pero no el enemigo, coment� alguna vez Benedetti. Retamar se encarg� de revelar que el verdadero personaje no es el a�reo Ariel �en verdad un lacayo de Pr�spero�, sino el rebelde Calib�n. El salvaje dispuesto a mestizar la blanca raza de Pr�spero engendrando miles de nativos en su hija Miranda.

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El Calib�n (11) de Retamar es el llamado a un pensamiento y a una filosof�a latinoamericana con voz propia; que se aleje de las influencias y alabanzas euroc�ntricas, que denuncia a los intelectuales �ventr�locuos� que repiten de manera mec�nica el discurso que viene del otro lado del Atl�ntico. Promueve, en la misma l�nea de la filosof�a de la liberaci�n, un pensamiento cr�tico con mentalidad emancipadora y fuertes v�nculos con la cultura y el pensamiento popular. 

 

Se trata, dentro de ese reto, de auspiciar y proteger, entre otros, unos medios de comunicaci�n que propicien el debate al poder existente. Una forma es a trav�s de un sistema nacional de comunicaci�n alternativo, que suponga la �articulaci�n de una base de significados y relaciones producidas desde la pr�ctica de la comunicaci�n social y humana natural; pero orientada a la construcci�n del hecho comunicacional�. Es decir, se trata de generar una conciencia cr�tica que elabore desde la experiencia popular, alternativa y comunitaria, para transformar la realidad: un sistema no orientado a promover versiones oficiales, ni procurar la institucionalizaci�n de los proyectos comunicacionales, sino a favorecer la decisi�n de particulares, de comunicadores populares en su pluralidad (12).

 

�Cu�l es la oportunidad? Generar nuevas subjetividades que se alineen con los movimientos sociales para oponerse a la cultura hegem�nica; �subjetividades solidarias, colectivas, cooperativas, y democratizadoras de los espacios de organizaci�n y de la toma de decisiones� (13). Valorar lo que construye la sociedad siempre marginada, a trav�s de la diversidad de sus procesos organizativos, realzando esas otras voces, im�genes, creaciones, subjetividades todas ellas que, sin duda, podr�an contribuir al surgimiento y consolidaci�n de otra Colombia, una en igualdad, justicia y paz.

 

Lyle para hombre impermeable III Lima Chaqueta Regatta Posibilidades y manifestaciones de una cultura antag�nica en Colombia

 

El Acuerdo Final entre el Gobierno y las Farc permiti� aflorar muchas de las realidades del pa�s: entre ellas, la falta de una distribuci�n equitativa de la tierra, la continuidad de la concentraci�n de la riqueza, la pervivencia de una democracia formal y la falta de oportunidades y garant�as para ejercer una oposici�n pol�tica. Tambi�n explicit� algunas de las realidades sociales y culturales que explican, no solo los or�genes sino el por qu� de la persistencia del conflicto. 

 

Esto es importante dado que el asunto cultural es el eje del Acuerdo. No es sorpresivo que la palabra cultura aparezca m�s de cien veces, en especial, en el punto relativo a la participaci�n pol�tica y la apertura democr�tica para construir la paz. All� se afirma la necesidad de garantizar una cultura de convivencia, tolerancia y solidaridad, que dignifique el ejercicio de la pol�tica y brinde garant�as para prevenir cualquier forma de estigmatizaci�n y persecuci�n por motivo de sus actividades pol�ticas, de libre opini�n o de oposici�n; de una cultura de respeto por la diferencia. 

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A prop�sito de lo anotado sobre los medios alternativos, es significativo que el Acuerdo establezca: �[�] en un escenario de fin del conflicto, los medios de comunicaci�n comunitarios, institucionales y regionales, contribuir�n al desarrollo y promoci�n de una cultura de participaci�n, igualdad y no discriminaci�n, convivencia pac�fica, paz con justicia social y reconciliaci�n, incorporando en sus contenidos valores no discriminatorios y de respeto al derecho de las mujeres a una vida libre de violencias� (14). 

 

As� las cosas, creemos que m�s que un Acuerdo para deponer las armas y cesar un conflicto armado es una hoja de ruta para resignificar el pa�s en clave de convivencia, armon�a y justicia social. Est�n dadas las condiciones, al menos en el papel, para que surja y se consolide una cultura antagonista opuesta a esa otra cultura descrita aqu� como hegem�nica y dominante, y que est�, en gran parte, afianzada por los grandes medios de comunicaci�n y sus instrumentos medi�ticos. Cabe entonces, al intelectual org�nico, desarrollar, en conjunto con las �nuevas subjetividades�, colectivas y populares, estrategias culturales, comunicativas, de expresi�n, que puedan ejercer un contrapeso en la opini�n p�blica al logrado por los medios oficiosos en vastos sectores de la misma, como el logrado, hay que admitirlo, por la derecha que detent� el poder entre 2002 y 2010 y hoy se erige como el principal enemigo del Acuerdo Final. 

 

Para concluir, algunas de las manifestaciones art�sticas y culturales elaboradas durante los �ltimos a�os en Colombia se pueden enmarcar dentro de una cultura antagonista. Para comenzar, la obra art�stica de Alejandro Obreg�n quien en 1963 gan� el Sal�n de Artistas Nacionales la pintura Violencia, una obra desgarradora que muestra a una mujer embarazada, asesinada. Su cad�ver en descomposici�n es un grito contra la violencia que afecta a los m�s desprotegidos. Obreg�n, hab�a plasmado antes las masacres de estudiantes de 1956. M�s reciente, es necesario citar la poes�a de Nelson Romero, en obras como M�sica Lenta, la obra cinematogr�fica de C�sar Augusto Acevedo La tierra y la sombra, que muestra la explotaci�n, asedio y expulsi�n de los corteros de sus tierras por parte los ingenios azucareros, la exposici�n itinerante 300 artistas por la Paz impulsada por Espacio Compartido, y entre muchas obras de la literatura actual, las novelas En esta borrasca formidable y Palabrero del autor de este art�culo.  En los medios de comunicaci�n alternativa, el peri�dico y la editorial Desde Abajo es ejemplo de una voz cr�tica e independiente.

No hay duda de que la cultura antagonista toma forma cada vez m�s delineada en el pa�s. Es el momento para hacerlo, justo cuando la paz es fr�gil y est� amenazada por tantos contradictores ocultos detr�s de gritos patri�ticos que en realidad lo que quieren es preservar sin apertura ni cambio alguno el sistema imperante, para que las mayor�as sociales se mantengan anestesiadas y as� poder prolongar los demenciales niveles de concentraci�n de riqueza que el pa�s padece, el monopolio del poder pol�tico, y en su base, como soporte de todo su control econ�mico, pol�tico y social, su mismo dominio cultural, soporte de la hegemon�a sobre la cual gobiernan. ?

 

1. Shakespeare, W. The tempest, I, 2. En The complete Works, Oxford, 1991, I, 2, pp. 1172-1173.

2. Fundaci�n Alejo Carpentier, Universitat de Val�ncia, (2017) Coloquio internacional Valencia 1937/La Habana 2017, La Habana, 28 al 30 de noviembre de 2017.  Intelectuales, pol�tica y cultura. Convocatoria.

3. Editorial, (2005) Por una cultura antagonista ([Consejo de Redacci�n] octubre 2005), Revista Laberinto, N� 18, M�laga, p. 3.

4. Echeverr�a, B (2010) Chaqueta para III Lyle impermeable Lima Regatta hombre Modernidad y blanquitud, Era, M�xico.

5. Foucault, M. (2007), El nacimiento de la biopol�tica. FCE, M�xico, p. 268.

6. Han, B. Ch., (2013) La sociedad de la trasparencia, Herder, Barcelona, pp.11-13.

7. Han, B-Ch. (2012) La sociedad del cansancio, Herder, Barcelona, p. 11.

8. Brecht, B., (1934) Las cinco dificultades para decir la verdad, Revista Laberinto, N� 6, Junio 2001.

9. Said, E.W., (1996) Representaciones del intelectual, Paidos Studio, Barcelon, p. 90.

10. Gramsci, A., (1997) Los intelectuales y la organizaci�n de la cultura, Nueva visi�n, Buenos Aires., pp. 9-11

11. Fern�ndez Retamar, R. (2000) Calib�n y otros ensayos: Calib�n revisitado y Calib�n quinientos a�os m�s tarde, La Habana, 2000. 

12. Sistema p�blico nacional de comunicaci�n popular, alternativa y comunitaria (2017) en https://investigacionubv.wordpress.com/2012/03/10/comunicacion-alternativa-y-comunitaria-en-venezuela/

13. ANRed (2003), La comunicaci�n alternativa no es solo contrainformaci�n, es cultura antagonista, en chaqueta 90 120cm Packable Invierno hombres ocio PF86nqqxT

14. Gobierno Nacional-Farc (2016) Acuerdo Final, La Habana, p. 46.

 

 

* Escritor, editor, periodista y docente universitario. En junio de 2017 publicar� El juego del retorno, quinteto, un libro de relatos con la editorial de la Universidad de Antioquia.

 

 

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